Clasificación: Funerales
Nota: 2.99 / 2537
Entra un borrachito al velorio de un señor, se dirige al ataúd, observa al difunto y comienza a llorar con mucho sentimiento y a decir:
No somos nada, hip, no somos nada.
Y así siguió llorando y diciendo esta frase, cuando se le acercó una de las personas que también se encontraba en el velorio y le preguntó:
¿Tanto quería a su amigo señor, que le duele mucho su muerte?
El borrachito se vuelve y le contesta muy enojado:
Que acaso no está oyendo que no somos nada, ni familia, ni amigos y ni siquiera conocidos.
#48348
Por: Juan Rubio - Tegucigalpa - Francisco Morazan - Honduras
rec.:19/mar/2002 pub.:3/abr/2002 Enviado:16/sep/2010
Clasificación: Profesiones
Nota: 3.17 / 1853
En un pueblo se está construyendo una carretera. Un pueblerino se sentaba largas horas a ver como se realizaba la obra cuando se topó con el ingeniero.
Hola, soy George Frank Steven, el ingeniero que hizo los estudios y encargado de la obra y la maquinaria.
Hola, yo soy Federico Díaz, soy del pueblo vecino.
Veo que nunca habías visto cómo se hace una carretera moderna. Dime, ¿Cómo hacen las carreteras en tu pueblo?
Bueno, en mi pueblo cuando queremos hacer una carretera de un pueblo a otro, soltamos un burro viejo y el animal escoge el camino más corto y más seguro y por ese camino hacemos la carretera.
¿Y qué pasa si no tienen un burro?
¡Llamamos a un ingeniero!
#2084
Por: Kram - Hyo - Perú
rec.:29/dic/2000 pub.:15/ene/2001 Enviado:15/sep/2010
Clasificación: Animales
Nota: 3.19 / 2394
Había una vez unas hormiguitas que estaban cansadas que un elefante les rompiera el hormiguero, cuando éste se acercaba a una planta para comer. Entonces, las hormigas se pusieron de acuerdo, la próxima vez que venga el elefante, nos subimos arriba de la planta y nos tiramos encima de él y lo picamos todo. Así sucedió, vino el elefante y las hormiguitas se subieron a la planta y se le tiraron encima y lo empezaron a picar. El elefante comenzó a sacudirse y se cayeron todas las hormigas, salvo una que quedó enganchada del cuello. Entonces, las otras hormiguitas le gritaban desde abajo:
¡Ahórcalo! ¡Ahórcalo!
#546
Por: Jorge Sabbagh - Buenos Aires - Argentina
rec.:5/jun/1998 pub.:1/ene/2000 Enviado:14/sep/2010